Algo de música...

domingo, 15 de marzo de 2015

Mírame a los ojos

Locos por la vida y sin temer la muerte. Libres, alegres, felices. Vencimos al dolor y lo arrancamos de raíz. Unidos lo conseguimos. No más malas hierbas. No más socorros. Llenamos nuestra desdicha con el poder de nuestra unión. Éramos vida. Fuerza. Heridas curadas y no más cicatrices que pudiesen volver a abrirse. Ya no. Dolor se rindió, hostia, lo conseguimos. El mundo era nuestro, nosotros éramos el mundo y la muerte era tan solo un mal chiste del que nadie reía. Ya no era una condena. Morir era un paso más. Pero ya no caminábamos, volábamos gracias a la brisa fresca de los primeros días de primavera. No más daño. Más nosotros que nunca. Más fuertes que nunca, unidos. Pensaba que era una locura. Unir almas a través de miradas. ¿Cómo podría eso funcionar? ¿Cómo íbamos a lograr vencer la miseria del mundo si nuestras miradas nunca eran significativas? "Mírame a los ojos", me dijo. Miré su alma, sus miedos, todo su querer y todo su ser. Tan solo una mirada y pudimos conectar. Después una sonrisa. Ya éramos cómplices, éramos uno que compartía ambas almas. Inseparables. Incapaces de sufrir, poderosos para acabar con el sufrimiento ajeno. Íbamos a conseguirlo, capullo, íbamos a salvar el mundo. Íbamos a caminar bajo la lluvia para ofrecer un gran sol a los pétalos casi caídos del todo. Ahogados. Los íbamos a rescatar y así haríamos la cadena de las miradas significativas más y más grande. Más rescate, menos suciedad humana. Parecía irreal. Pero sabía que esas rosas negras podrían salvarse, lo sabía, capullo. Estábamos unidos a pesar de diferencias, íbamos a hacer del mundo una unión que significaría la mejora definitiva. Íbamos a arreglar este mundo nuestro tan roto y débil. Íbamos. Íbamos... Pero cerraste los ojos y nos apagamos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Rosas negras y valientes dragones

Cómo comenzar una poesía sin saber de poesía.
Cómo volar al cielo cuando me siento vacía.
Qué fácil percibir los llantos de un desconsuelo
por haber perdido lo que antes había.
Pero qué difícil llegar a ser la sonrisa del día.
Qué difícil. Muy difícil, vida mía,
descubrir los dolores de una espina casi mortal
que de una rosa negra y triste sobresalía.

Saber que los pétalos negros no son queridos
y ser, por ello, la odiada rosa negra del ramo
del que huyen todos los que no están heridos.
Saber que el llanto del esfuerzo no hará que despierten
los desdichados dragones que aún siguen dormidos.
Saber que el sudor de la tristeza de los que
a duras penas logran mantenerse decididos
no sirve, por desgracia, para sanar a los malheridos.

Son desdichados los dragones porque luchan
con poca libertad y gran valentía,
a las órdenes de los monos que mal los guían.
Los guían a luchar en su lugar,
como nos guía la vida a la muerte.
Sin opción, siquiera, de poder cambiar de vía.
Matándonos, pero muriendo con vida,
por no habernos rendido en una batalla perdida.
A.F.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Ángel Gil Cheza - El hombre que arreglaba las bicicletas



Título original: El hombre que arreglaba las bicicletas

Editorial: SUMA

Año de publicación: 2014

Sinopsis: El testamento de un escritor de novela negra empuja a su viuda, a su hija y a una antigua novia irlandesa -a la que abandonó años atrás sin explicación alguna- a convivir un verano en su casa de la playa junto a un taller de bicicletas en la costa mediterránea. Hay novelas que no se pueden contar, ni tan solo describir, porque sería como explicar un beso antes de darlo. "El hombre que arreglaba las bicicletas" es un verano en algún lugar de nuestro imaginario. Ángel Gil Cheza consigue contagiarnos su particular modo de ver el mundo; un lugar en el que se escucha cada palabra, se atiende a cada gesto y donde cada momento que compartimos con alguien cuenta.

Reseña: Esta novela es la prueba de que la brevedad de una historia también tiene su encanto. Al comenzar, el autor nos va mostrando distintas situaciones, cosa que me pareció algo confusa al principio, pero después ya se centra más en la trama y está mucho mejor. Tengo que admitir que empecé a leerla por el simple hecho de que una protagonista (la antigua novia que Artur, el escritor, había abandonado) es irlandesa, y a mí todo lo que tenga que ver con Irlanda me atrae... 

Quizás pueda parecer algo sosa, pero sí que es verdad que si se profundiza un poco cada metáfora, cada situación especial... se encuentra un poco lo que es la personalidad un tanto filosófica de la novela. La verdad es que me ha gustado bastante, y me parece recomendable su lectura.

Valoración: 8/10

lunes, 1 de septiembre de 2014

Jenny Han - A todos los chicos de los que me enamoré


Título original: To All The Boys I’ve Loved Before

Editorial: Planeta

Año de publicación: 2014

Sinopsis: Lara Jean guarda sus cartas de amor en una caja. No son cartas que le hayan enviado, las ha escrito ella, una por cada chico del que se ha enamorado. En ellas se muestra tal como es, porque sabe que nadie las leerá. Hasta que un día alguien las envía por equivocación y la vida amorosa de Lara Jean pasa de imaginaria a estar totalmente fuera de control.

Reseña: Una novela nueva, con un rasgo que tristemente se ha dejado de llevar; las cartas escritas a mano.

Lara Jean vive con su padre y sus dos hermanas, a las que está enormemente unida. En la novela se aprecia muchísimo la relación entre hermanas de principio a fin, y sobre todo, que a pesar de los enfados tan comunes entre hermanos, en el fondo estas relaciones pueden ser muy buenas en la mayoría de los casos.

El principio se hace un poco pesado, se podría decir que las primeras cuarenta páginas son de introducción... A partir de aquí la novela comienza a tener un poco más de vida y se lee muy fácilmente. El nudo es interesante, aunque personalmente lo que más me ha gustado ha sido el final; creo que es poco predecible y acertado. La recomiendo como una lectura de fin de semana, ya que no es excesivamente larga y me gusta calificarla como una novela “simpática”.

Valoración: 7,5/10