Algo de música...

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domingo, 20 de abril de 2014

Primavera

La Luna nos mira y envidia cada caricia. Tu rostro junto al mío, qué delicia. Y qué decir de tu mirada, la cual me mira con divertida malicia. Al juego tan delicado de jugar con mi pelo demuestras tu pericia. Las estrellas bajan para disfrutar con nosotros del momento, el de recorrer cada milímetro de piel cual lobos sedientos. Y la Luna sigue observando y nos ve contentos, pues a pesar de los mil errores que cometimos, pudimos y conseguimos que funcionara con más intentos.

Me dices que no quieres que anochezca si no es conmigo. Te contesto que los amaneceres no son amaneceres si no son contigo.

Amanece y la brisa primaveral nos hace despertar. Cómo brilla el sol, y qué bonita la melodía de los pájaros que no dejan de cantar. Más no me puedo alegrar, pues de dormir junto a ti nunca me voy a cansar. Y sonríes conmigo cuando oyes el agua del río pasar, cuando el sol comienza los bosques a calentar. Me das los buenos días, y yo no puedo evitar bromear cuando te veo bostezar. Hacemos como que nos enfadamos, mas mucho no tardas en volverme a abrazar. Qué bonita mañana, ya podrían así todas comenzar.

Atardece y admiramos cada rayo de luz que poco a poco muere. El sol se esconde tras la lluvia de pétalos que la brisa llevarse consigo prefiere. Es primavera.

Es primavera, me das un beso, y dices que me quieres.

A.F.

martes, 15 de abril de 2014

Caerse mil veces y levantarse dos mil

Ya no tengo miedo, ya he aprendido.
He aprendido que el único asesino es el olvido, que nunca se irá nadie del todo si vuelve a ser querido. A través de palabras, de recuerdos, de falsas ilusiones (pero ilusiones), de tratarlo como si estuviera tan solo dormido. Adorar cada muerte, pues será tan solo ave que vuelve a su nido. En realidad no será una muerte, si como he dicho, no la asesina el olvido.

Pensando que son pérdidas sin saber que no existen, pues los vencedores insisten e insisten. Y todos son vencedores que de distinto color visten. Pues los únicos perdedores son los que no persisten. Que quizás las barreras y los obstáculos los despisten, pero saben que deben continuar, pues en eso consiste.

Vivir.

¿Qué es vivir? Ni lo sé, ni lo sabré, no puedo mentir. Pero desde luego sé que consiste en elegir un sueño, una meta, intentar, caerse mil veces y levantarse dos mil, en luchar por conseguir, en perder, en volver a luchar y definitivamente conseguir. Llegar a la meta. Y finalmente morir. Qué extraño, ¿no? Luchar tanto... ¿"Para nada"? No. Para nada no. Pues te has demostrado a ti mismo que puedes, y que nunca piensas en huir. Que puede que bajes, pero siempre vuelves a subir. Que a pesar de todo nada te va a hundir, pues nadar es lo que harás si eso te llega a ocurrir. Y que vivas como vivas, el logro de ese sueño es lo que hará que vuelvas a vivir.

Vivir.

Supongo que en eso consiste: en caerse mil veces y levantarse dos mil.

A.F.

lunes, 7 de abril de 2014

Bicicleta

Morir viviendo y quedarme muerta mientras tú vives. No son buenos ni los días ni las noches. Me está invadiendo la rabia, la sospecha de que es locura esto que siento. El pensamiento de que todo me da igual, pero a la vez me importa tanto... Cada vez ganando menos y con menos ganas, porque es inútil ganar si prefieres perder. Es decir, siempre pasa igual, siempre pierdo, pero porque te dejo ganar. Te lo mereces más que yo, aunque quizás no lo merezcas.

¿Pero, qué mas da? Si aunque viva voy a morir. Si aunque siga voy a parar, y aunque camine me voy a caer. Porque, como dijo Einstein, la vida es como una bicicleta: hay que seguir pedaleando para mantener el equilibrio. Pero, querido Einstein, no vas a poder pedalear el resto de tu vida. ¿Y cuando haya cuestas elevadas? Quizás tengas que seguir de pie, empujando la bicicleta (la vida) con tu propia fuerza. Aunque te quedes sin ella. Aunque no tengas ganas. ¿Y cuando no consigas frenar a tiempo y tengas un accidente? ¿También vas a seguir pedaleando? Quizás me equivoque, pues tú eres un hombre sabio, y yo tan sólo soy un alma perdida. Pero no soy inexperta en esto de andar en bicicleta, por tanto, quizás ambos tengamos razón. O quizás los dos nos equivoquemos. ¿Quién sabe? Quizás la vida no se parezca a una bicicleta, sino a la vida misma.

Por ahora vamos a seguir viviendo, no nos queda otra, pero necesito buscar una bicicleta que se adapte más a mí. Y no la encuentro. Buscaría en tu mundo, donde estás tú ahora, pero todavía no me atrevo. Quizás más tarde. Por ahora voy a seguir pedaleando aunque con cada metro ardan mis piernas de dolor.

A.F.